La jodía de mi mujer

Saco todas mis armas

es momento del cortejo,

poniéndome mis mejores trapos

¡por fin se come conejo!

Como buen caballero

la voy acercando a la habitación,

con los ojos bien tapados le susurro

que está más buena que un bombón.

Mientras se ríe

voy dejando caer su vestido,

besándola y acariciándola

caemos en nuestro nido.

Y cuando llega el momento

de la máxima pasión…

se tira un pedo la jodía

para bajarme el subidón.

Queridos señores

¿no les ha pasado alguna vez

que les pone rubio platino

la cochina de su mujer?

Pálido y sin aire

por semejante desfachatez,

intento salir por la puerta

corriendo con el mástil en pie.

Y no contenta con casi matarme

que me dice la condenada,

que era un suspirito

de que vive enamorada.

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