Hasta el pitufo

Déjame Juliana

que voy a poner los garbanzos

que viene Antoñico el guapo

a pegar martillazos.

Y estoy de un humor de perros

que no hay quién me aguante

porque el muy vivaracho,

estuvo dándole desde las nueve en adelante.

¡Mira como me arremango, mira!

Todo este todoterreno que aquí ves

como se pase de listo, le tiro del revés

Cuatro semanas lleva de fiestas

con señoritas que entran y salen

que si risas, jadeos y miles de cantares.

Y cuando fui a quejarme,

me dice el impresentado,

que antes podía haber llamado

y un descuentito haberme ofertado.

¿Qué te parece?

El pescuezo le arranco,

tomarme a mi por puta,

¡mira, mira, le corto hasta la batuta!

(25 minutos después)

¿Qué te dijo María, que vienes muy callada?

Fui y llamé al timbre

y en cuanto abrió la puerta

solté todo sin dejarme nada

tanto fue así, que mejor me hubiera quedado callada.

¿Por qué?

Le dije que de orgías nada,

que las furcias… que salgan,

que no son horas de la mañana,

para que hagan marranadas.

Que son todos unos impresentables,

él por cara dura

y ellas por listillas

que se bajan las bragas por unas perrillas.

Cuando sale mi madre y me dice:

Tranquila Olga, si quieres te hacemos un hueco

buenos consoladores tenemos, ahí te lo dejo.

Y me tiró un saco de boxeo.

Que vergüenza y que ridículo más absoluto

tan roja me puse, que se me escondió hasta el pitufo.

La timidez

La timidez, curioso término. ¿Alguna vez nos hemos parado a pensar que fundamento tiene? No tiene ninguno. Ser tímido lo único que trae consigo es tener dificultad para comunicarte con los demás, dificultad para desempeñar trabajos, te impide realizar aquello que siempre quisiste hacer…etc. Ser tímido, te frena. Imaginemos, a cuantas personas no les habrá pasado que están en un curso, en un trabajo o en cualquier situación que requiera de un conocimiento de algo y no le han preguntado a la persona que tiene delante por vergüenza. Han preferido quedarse con la duda antes que preguntar. Ahora pensemos por un momento en un niño pequeño… ¿cuantas veces hemos oído los incesantes “y porque” de los más pequeños? ¿Acaso se nos pasa por la cabeza pensar que son ridículos o tontos? Molestos puede, pero nunca cuando un niño nos pregunta pensamos que es tonto, simplemente no entiende y le explicamos. Entonces, ¿Por qué somos tan crueles con los adultos? Las personas que tienden a reírse de otros o menospreciar a la otra persona porque no conozca aquello que se pregunta, es debido a que son individuos inseguros que tienen mucho que callar y para que su autoestima suba, necesitan ridiculizarte a ti. Una persona con dos dedos de frente, no se reiría de ti, te aplaudiría por intentar saber. Ahora bien, si tiene algo que decirte acerca de tu comportamiento, siempre te lo diría desde el respeto y la educación, sin ninguna intención de ridiculizarte y hacerte sentir mal, más que nada porque no tiene necesidad de hacerlo. Por tanto, ser vergonzoso viene porque tenemos miedo a mostrarnos como somos, no vaya a ser que nos hagan daño. Sólo nos pueden herir, si nosotros dejamos que lo hagan. Si escondemos las orejas y metemos el rabo entre las piernas y no nos mostramos como somos, lo único que estamos haciendo es no demostrarle al mundo lo que valemos, no mostramos nuestra humanidad (porque no todo el mundo sabe de todo) y hacemos que su autoestima suba a costa nuestra. Siempre hay gente que te señala con el dedo. Por ello, lo que tienes que captar de ese comportamiento, no es el tomártelo como algo personal, sino que esa persona no es digna de formar parte de tu vida, simplemente porque no te respeta. El que está mal no eres tú, es él. No te achantes, levanta la cabeza porque el que sea sensato, estará ahí para aplaudirte por ser una persona que mira hacia delante.

Negar lo inevitable

Me preguntas si me arrepiento de pasar por lo que estoy pasando, si me gustaría que no hubiera pasado por este dolor. No, no me arrepiento ni me gustaría no haber pasado por ello, pero sí quizás, me hubiera gustado haber sabido manejarlo mejor. El dolor, tanto para el cuerpo como para la mente, es un signo de que algo no está bien, no sólo en lo que pasa alrededor que te influye sino lo que te pasa a ti. Si siempre te sintieras bien y pensaras en baldosas amarillas, ¿Cómo carajos ibas a ver qué es lo que te pasa y lo que no, qué es lo que quieres y lo que no? El dolor te ayuda a redirigir tu vida, a madurar y a avanzar. Si no lloraras, no te darías cuenta de los errores que estas cometiendo y dónde te estas metiendo. Hay que caer y escucharse, porque hoy es un error o una circunstancia insostenible que te hace tambalear pero si miras para otro lado, mañana la suma pasará a ser una multiplicación. La bola de situaciones insostenibles y errores sería tan grande que no serías capaz de saber ni por dónde empezar, ni cómo. Paso a paso. Cada dolor es diferente y te aporta herramientas psicológicas diferentes para poder afrontarlo, sólo tienes que prestarte atención, analizar qué sientes y porqué. Hay que aprender a tolerar el dolor, a vivir con él. Si ves el dolor como algo que te alerta simplemente y no como algo horrible que no hay que sentir, empezarás a aceptarlo y a mirarle de frente. Y ten en cuenta, que el dolor dura lo que tú quieres que dure y te afecta en la medida que tú quieres que te afecte. Si te sientas y no haces nada, la angustia y el malestar te irán consumiendo.

El poder del lado oscuro

Me considero una persona centrada, echada hacia delante, positiva y equilibrada. Pero llevo unos años sintiéndome mal, agotad@, sin ánimos y con ataques de ansiedad. Al principio, no sabía por qué me sentía de esa manera, ya que aparentemente lo tengo todo: buena familia, buenos amigos y pareja. Laboralmente no me encontraba para tirar cohetes, pero estaba content@ con lo que tenía.

Entonces… ¿qué me ocurría? ¿Por qué había veces que tenía ganas de coger el coche y desaparecer?

Un día un buen amigo me mandó un whatsapp para quedar, y fue entonces cuando caí en la cuenta… pues lo que dije fue “ufff…” y cerré la app.

No es que no quiera pasar tiempo con él/ella. No es que no lo quiera. Es que estoy cansad@ de aguantar lamentos. ¡Qué mal amig@ me diréis! Pues no, no lo soy, ¿Sabéis por qué? Porque yo también soy human@.

Me paso la vida escuchando los problemas de los demás (amigos, familia) y cuando llego a casa, la cosa no cambia. Estoy cansad@ de repetir lo mismo y que la gente no vea la cosas como son, lo cual, no sólo te cansa, si no que te frustra porque le quieres y te duele que sea tan estúpido en ese momento que nunca acaba. Parece que nos gusta quedarnos anclados en la queja… Los que empiezan siendo personas a las que quieres y con los que te sientes cómod@, terminan siendo personas tóxicas y monotema a las que pones mala cara.

E incluso hay situaciones en tu vida de las que no puedes escapar como son las enfermedades, la situación económica, el divorcio de tus padres…entre otros, que en un principio no te afectan o lo llevas bastante bien, pero con el paso del tiempo esa situación te va minando la moral. Tu signo que era positivo, se torna con todo ello negativo. Por lo tanto, no soy yo el que está mal, es mi contexto. Demasiados lamentos para tan pocas alegrías. No se trata de decir adiós y dejarlos a todos, simplemente hay que saber administrarse el tiempo y pensar que tú también eres persona. También necesitas respirar, evadirte, reírte, olvidar por un segundo de que el mundo y sus problemas existen. Necesitas tiempo para ti.

Esto ocurre porque algunos tenemos lo que se llama empatía, esa capacidad de ponerse en el lugar del otro. Con ella no sólo vemos como ellos ven, sino que sentimos como ellos sienten, es decir, vivimos sus problemas como si fueran nuestros.

Así que no pasa nada si hoy no quiero coger el teléfono, ni quedar, ni hablar… Que me perdonen, pero hoy ni puedo ni quiero.

Un alpinista y su mujer

En su habitación
se encuentran un alpinista y su mujer.
La abrazó y se miraron en el espejo
y él se dispuso a contarle
lo que había visto el día de ayer:

Caminé y subí por bellas laderas,
maravillado de sus colores,
de sus texturas y de sus olores
respiré…

Aire limpio, tranquilidad,
un lugar donde soñar.
De sitios inhóspitos
donde nadie más ha podido llegar.

Con sus curvas y sus rectas
necesarias para no aburrirse
y poderse uno deleitar.

Sin imperfecciones,
con zonas mas rocosas
sendas acolchadas
que te hacen flotar,
montañas perfectas
de valles donde anidar
y sus deleitosos manantiales
de agua tibia
en los que recuperas
las fuerzas para poder avanzar.

Cuando acampas en sus praderas
olvidas todo aquello que te hace mal.
Quisieras captar ese sentimiento de plenitud,
quisieras captar la luz que desprende
cuando el sol de nuevo día le da.

¿Eres capaz de ver su belleza
a través de mí?
Pues no me mires así cariño
estoy hablando de ti,
y si no te lo crees,
tan solo has de mirar ahí.