El poder del lado oscuro

Me considero una persona centrada, echada hacia delante, positiva y equilibrada. Pero llevo unos años sintiéndome mal, agotad@, sin ánimos y con ataques de ansiedad. Al principio, no sabía por qué me sentía de esa manera, ya que aparentemente lo tengo todo: buena familia, buenos amigos y pareja. Laboralmente no me encontraba para tirar cohetes, pero estaba content@ con lo que tenía.

Entonces… ¿qué me ocurría? ¿Por qué había veces que tenía ganas de coger el coche y desaparecer?

Un día un buen amigo me mandó un whatsapp para quedar, y fue entonces cuando caí en la cuenta… pues lo que dije fue “ufff…” y cerré la app.

No es que no quiera pasar tiempo con él/ella. No es que no lo quiera. Es que estoy cansad@ de aguantar lamentos. ¡Qué mal amig@ me diréis! Pues no, no lo soy, ¿Sabéis por qué? Porque yo también soy human@.

Me paso la vida escuchando los problemas de los demás (amigos, familia) y cuando llego a casa, la cosa no cambia. Estoy cansad@ de repetir lo mismo y que la gente no vea la cosas como son, lo cual, no sólo te cansa, si no que te frustra porque le quieres y te duele que sea tan estúpido en ese momento que nunca acaba. Parece que nos gusta quedarnos anclados en la queja… Los que empiezan siendo personas a las que quieres y con los que te sientes cómod@, terminan siendo personas tóxicas y monotema a las que pones mala cara.

E incluso hay situaciones en tu vida de las que no puedes escapar como son las enfermedades, la situación económica, el divorcio de tus padres…entre otros, que en un principio no te afectan o lo llevas bastante bien, pero con el paso del tiempo esa situación te va minando la moral. Tu signo que era positivo, se torna con todo ello negativo. Por lo tanto, no soy yo el que está mal, es mi contexto. Demasiados lamentos para tan pocas alegrías. No se trata de decir adiós y dejarlos a todos, simplemente hay que saber administrarse el tiempo y pensar que tú también eres persona. También necesitas respirar, evadirte, reírte, olvidar por un segundo de que el mundo y sus problemas existen. Necesitas tiempo para ti.

Esto ocurre porque algunos tenemos lo que se llama empatía, esa capacidad de ponerse en el lugar del otro. Con ella no sólo vemos como ellos ven, sino que sentimos como ellos sienten, es decir, vivimos sus problemas como si fueran nuestros.

Así que no pasa nada si hoy no quiero coger el teléfono, ni quedar, ni hablar… Que me perdonen, pero hoy ni puedo ni quiero.

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