Hasta el pitufo

Déjame Juliana

que voy a poner los garbanzos

que viene Antoñico el guapo

a pegar martillazos.

Y estoy de un humor de perros

que no hay quién me aguante

porque el muy vivaracho,

estuvo dándole desde las nueve en adelante.

¡Mira como me arremango, mira!

Todo este todoterreno que aquí ves

como se pase de listo, le tiro del revés

Cuatro semanas lleva de fiestas

con señoritas que entran y salen

que si risas, jadeos y miles de cantares.

Y cuando fui a quejarme,

me dice el impresentado,

que antes podía haber llamado

y un descuentito haberme ofertado.

¿Qué te parece?

El pescuezo le arranco,

tomarme a mi por puta,

¡mira, mira, le corto hasta la batuta!

(25 minutos después)

¿Qué te dijo María, que vienes muy callada?

Fui y llamé al timbre

y en cuanto abrió la puerta

solté todo sin dejarme nada

tanto fue así, que mejor me hubiera quedado callada.

¿Por qué?

Le dije que de orgías nada,

que las furcias… que salgan,

que no son horas de la mañana,

para que hagan marranadas.

Que son todos unos impresentables,

él por cara dura

y ellas por listillas

que se bajan las bragas por unas perrillas.

Cuando sale mi madre y me dice:

Tranquila Olga, si quieres te hacemos un hueco

buenos consoladores tenemos, ahí te lo dejo.

Y me tiró un saco de boxeo.

Que vergüenza y que ridículo más absoluto

tan roja me puse, que se me escondió hasta el pitufo.

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