¿No os ha pasado alguna vez…?

Estando en el supermercado

te pones a cantar,

ignorancia la tuya

de la gente que tienes detrás.

Qué esperas ingenuamente

que no te hallan escuchado,

aunque sabes en el fondo

que te han oído hasta en Malmojado.

Alargamos los brazos

como hacen las tortugas,

ahora en vez de bailar con delfines

bailamos con lechugas.

Y nos pasamos la vida

recorriendo pasillos,

volviéndote loco

buscando el membrillo.

Que no es porque no sepas donde está

sino porque te lo han cambiado

al menos eso te dices,

por no quedar como un empanado.

Hay quien se coloca en el pasillo principal

pues en el supermercado es muy fácil perderse,

otros terminan por llamar

porque no hay cojones de verse.

¿Y quién no ha agarrado un carro con los puños?

porque menudos calambrazos te pega

para que luego vengan por detrás

y te dejen patitiesa.

Y no hay cosa que más moleste

que tengas la fruta en la mano,

te tosan y con misma la pera,

te dan ganas de pegarlo.

Y no hay espacio en los pasillos

que alguna parte de tu persona

le ha dado por jugar al fútbol

con las latas, al estilo Maradona.

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