En tierras de Alidor. Parte 2

piratas

Tras varias horas de camino
han llegado al fin a la ciudad
de barrios sombríos,
y calles sin asfaltar.

En una gran avenida
de maleantes borrachos
y hombres casados
con mucho que callar,
caminan nuestros piratas
buscando a alguien a quién robar.

Diez jarras de licor
se han bebido
los valientes
de la mar.

Acompañados
todos ellos
de mujeres
de buen dar.

¡¡Arriba pon las copas
que tenemos que brindar
los piratas somos libres,
símbolos de libertad.

¡¡Alza el vino hermano
que debemos celebrar
las victorias conseguidas
y aquellas que vendrán!!

Mientras todos cantaban
el Capitán Furia logró robar
el mapa que tanto ansiaba
y que custodiaba un general.

Hombre lleno de pelo
grande como un gigante
de nombre se dice llamar,
Alcaráz, el guante.

Qué infortunio el suyo
que justo fue a vomitar
a las botas del superior
que pronto le hizo apresar.

Fuertes barrotes
no le dejan
al pirata
escapar.

A los demás,
un historia
los han contado
las mujeres
de aquel bar.

Hubo una conquista
en las tierras del Zarzal
un pirata valeroso,
apuesto y de armas tomar.
Consiguió la llave del tesoro.
Ese, que aquí enterrado está.

Dicen que es peor que la furia
de mil leones hambrientos.
más cuentan otros,
que es tranquilo
pero siniestro.

Gracias a aquellas palabras
sabían de quién se trataba
pues eran inconfundibles,
todo pirata lo envidiaba.

En las mazmorras del centro
entraron los cuatro.
Elixir de amor
para los carceleros,
sirvientes a merced
de los aventureros.

Abrieron las puertas
exigiendo lo suyo,
más salió corriendo
el capitán
rápido como el viento,
no se iba a quedar
ni un minuto allí dentro.

¡Sois estúpidos e incultos!
¿no sabéis leer pedazo ineptos?
Grandes son los carceleros
con muchas ansias de poseernos
no nos queda más que huir
o luchar contra ellos.

¡No quiero ser
carne de sus deseos,
una gota y no cientos.
Anda que distéis a uno,
a treinta fueron nada menos!

Mirar como miran
escalofríos me están dando
aquí os quedáis
que yo me voy marchando.

Algunos
por los pelos
no fueron
gozados.

Más las
espadas
todos ellos
con ahínco
levantaron.

Dos desafortunados
murieron en combate,
tres decidieron unirse
y emprender el nuevo viaje.

 

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