Ver, oír y sentir

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¿Cuantas veces respiramos al día?
Cientos, miles
¿Cuantas veces inundamos nuestros
pulmones de buena energía?
Mucho menos.

Creemos saborear
y pensamos que lo hacemos bien
pero…
Nada más lejos de la realidad.
Allí fuera hay un silencio revelador,
un despertar del nuevo mundo
donde el tiempo pierde los minutos
y la naturaleza y tu… os hacéis uno.

Manos que enloquecéis de envidia

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Manos que enloquecéis de envidia
a los más rasos tejidos,
despertáis sensaciones
que ni el pelaje más suave
de animal conocido
hace que con un solo roce
caiga el mundo bajo su abrigo.

Carecéis del conocimiento
del poder de vuestras caricias
aflorando deseos,
matando,
cualquier resquicio de ira.

Sois, lo que el alma necesita,
sois amor
y ternura infinita.

Buenas vecinas

“Alicia ayúdame por favor
que me voy por la patilla,
hoy no puedo salir
ni a la vuelta de la esquina.

Por arriba y por abajo,
he pillado una gastroenteritis
y no veas tu que fiesta
ando todo el día en el lavabo.

Y es que viene el cartero mujer
no quiero dar una mala imagen,
pásate por aquí
que solo será un instante.”

Alicia abre la puerta
y el cartero le entrega el paquete,
antes de firmar pregunta
¿Pero qué es eso que huele?

Es el camión de la basura
que está en la otra calle sin salida,
no se que hacen los vecinos
que huele a mierda podrida.

Cierra la puerta y da un soplido,
se da la vuelta y sonríe a Elena
“A ver que digo yo ahora
cuando venga a mi casa y me vea”

El regreso

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Los rayos de luz caían sobre sus hombros,
frente a frente, sonrieron
y fundiéndose en un abrazo
el tiempo retornó, siendo quienes fueron.

Sumergidos en su mundo
donde la distancia no existe,
donde el tiempo desaparece,
son ella y el, amigos desde siempre.

Compartiendo sus batallas
salen risas olvidadas,
sus ojos orgullosos
con cariño se besaban.

Cuan pura puede ser una amistad,
qué amor tan grande se puede tener
hacia una persona que siempre estuvo
y que podría ser, pero que no es.

Carta a Adiel

Querido Adiel
que bueno que escribiste,
me alegra saber de ti
y espero tu llegada,
tranquilo que estaré
en el lugar que me dijiste.

No estoy casada
y no soy profesora,
una vez conocí el amor
y por ello soy madre ahora
pero mi marido me dejó,
murió de una enfermedad
dejándome con mis niños sola.

Años tardé en recomponerme
pero al fin logré estar bien,
ahora vivo con mi prima Irene,
aquella que le faltaba tiempo
para ir a verte.

Añoro nuestras risas
y las conversaciones,
que ganas tengo de chincharte
como lo hacía entonces.

Continuará…

Carta a Rocío

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 Ha llovido desde entonces…
cuando me cogiste de la mano
y me juraste estar ahí por siempre.
Juntos, tranquilos, sin miedo,
sonriendo,
tumbados en el césped.

Quince primaveras
fuimos amigos y confidentes.
Pero llevo sin saber de ti
pasado los veinte.
¿te habrá ido bien o te habrá ido mal?
Sea como fuere, necesito verte.

Aún recuerdo como te separaron de mí
te apartaron de mis manos
porque yo era inmigrante.
Y esos malnacidos,
por dejar que me quedase,
le dieron un tiro a tu padre.

No sé porque te escribo esta estúpida carta
seguramente no te llegue,
pero tengo la ridícula esperanza
de poder volver a verte.

Seguramente estés felizmente casada,
con algún niño en tu vientre
o ejerciendo de maestra
te imagino… y sonrío orgullosamente.

Señor, espero que lo recibas
porque vuelvo a casa en Septiembre.
Si quieres quedamos a las once
en el lugar en el que tu y yo,
compartíamos el alma… y la mente.

Continuará…