Quiero marchitarme por siempre a tu lado

abuelos

Se conocieron una tarde de verbena
en Madrid, en un pueblo de las afueras
donde fueron amigos
hasta que llegó la guerra.

A él lo mandaron a la batallar.
Ella, sin en cambio,
tuvo que aprender a sobrevivir
entre penas y hambre,
viendo a su familia, uno a uno morir.

Sus cartas la mantenían con vida,
le daban esperanza,
una razón por la que vivir.
Pero la espera parecía eterna
pues la guerra había acabado
y él no apareció por allí.

Hasta que llamaron a la puerta.
Era él de rodillas con una rosa,
le pidió matrimonio
entregándole la flor
porque no tenía para otra cosa.

“Larga ha sido la espera
más nunca de ti me he olvidado,
tus cartas me dieron fuerzas
para volver a donde lo habíamos dejado.

Aunque tengo los bolsillos vacíos,
el corazón lo tengo lleno de cariño
no te prometo que las cosas sean fáciles
pero sí que todo lo haré contigo.

Sé que tu padre ya no está
para pedirle tu mano,
pero te entrego esta rosa
porque como ella,
quiero marchitarme por siempre a tu lado”

Y así pasaron los años,
una relación nada perfecta
pero muy bien avenida,
donde el amor nunca faltó
donde siempre juntos,
encontraron la salida.

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