A bailar

abuelos

Amiga, hace días decidí ir a bailar
con mi marido nada menos,
al principio… no quería el truhán
pero cuando vio a la profesora
me dijo que aquello no estaba mal
y que si quería estar a mi nivel
debía venir más y con ella ensayar.

Así que con capirote en el cogote
di comienzo a nuestro tango
no vaya a ser que se alborote
y se crea Marlon Brandon.

Empezamos bien despacio,
parecíamos dos muñecas de famosa
el balanceo controlado
no hacíamos otra cosa
porque si nos atrevíamos a hacerlo
yo me quedaba coja.

Por más que intentaba relajarle
no había manera,
se puso la profesora con él
y parecía un boquerón
en una salsera.

Tenía movimientos
que nunca se los había visto,
con sólo decirte,
que no había pista ni superficie
para el Don Juan de la calvicie.

Pero…
conmigo volvió Robocop,
así que frustrada
metí mi piernas entre las suyas
y le dí en un huevo o dos.

Con mucho disimulo
y con elegancia de bailarina
me vengué de este garrulo
que me tiene dolorida.

 

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