Cambiaste de dirección

Y cambiaste de dirección sin 
intermitente que me avisara,
cual veleta que con el viento
gira a su propio antojo.

Y aquí me quedé yo
con el corazón roto
esperando a que me digas
si hay un tren de vuelta,
si hay una parada 
en la que me quieras cerca. 

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