Diminuta

Cuenta la leyenda
que las diminutas
son seres especiales
difíciles de encontrar,
pero sí lo haces
eres afortunada como la que más.

Yo por suerte
me encontré con una
de gran corazón,
tan bella por fuera
como por dentro.
Tanto es así,
que su cariño me regaló.

A ella a veces no se la ve
pero se la siente,
junto a ti,
ella siempre está presente.

Pues tiene el gran don
de que conociéndola
tu vida cambie
pero a mejor.

Por bandera

Juguemos… ¿ Alguien se atreve a escribir el final de esta poesía?

Cabalgaré hasta que muera
con ahínco seguiré buscando
para encontrar la bandera
por la que seguimos luchando.

Malignos Ogros,
Ondinas y silfos
custodian las tierras
por las que yo ando.

¡Venid conmigo
cantemos bien alto!
Ahuyentemos a las bestias
que hoy creen estar al mando.

Y así fue que se unieron
los humanos mano a mano
espadas al cielo,
por la paz batallaron.

Había una vez

Había una vez
tres niños y una madre,
ésta les enseñó
un hermoso aprendizaje.

Un cinco de febrero
les regaló unas semillas,
les dijo que debían plantarlas
y regarlas día a día.

Todos se preguntaron
que sentido tenía
pues aquel regalo
de nada les servía.

Su madre les dijo
que si cuidaban la planta
frutos grandes les daría
y además sabrían
que tipo de persona serían.

Pasaron las semanas…
el uno seguía regando con alegría,
el segundo dubitativo
empezó a decir que no sabía,
empezó a cuestionarse si hacía bien lo que hacía.
Y un tercero dijo que era absurdo
dejándolo al siguiente día.

Meses más tarde,
el segundo deprimido dijo que se rendía
pues había esperado demasiado
y era muy complicado cuidar la planta
pues seguía diciendo que no sabía.

Un año después,
el primero consiguió tener frutos
mientras que los demás
no disfrutaron de ninguno.

Entonces su madre les preguntó:
¿Sabéis porque el si tiene y vosotros no?
No es el hecho de que os halláis rendido,
tan solo es una cuestión de percepción.

Vuestro hermano siempre creyó en sí mismo
en lo que podía llegar ser y hacer
la vida no te regala nada
te lo has de merecer.

En todo lo que hagáis
debéis ser constantes
pues de lo contrario
nada lograréis.

Y si algo no sabéis,
hacer como hacen las plantas
y salir a buscar lo que necesitéis
pues ellas cuando no tienen luz
colocan sus hojas hacia donde el sol esté.

De ese modo llegaréis a ser grandes,
de ese modo sobreviviréis,
y seréis felices porque hermosos frutos recogeréis.

En busca de la Lleida

Una historia os vengo a contar,
las orejas debéis afinar
pues una moraleja tiene escondida,
¿seréis capaces de decírmela al final?

Allí en lo más profundo de los bosques
vive una pequeña criatura,
imperceptible para el ojo humano,
es un ser de luz y de alma pura.

Siempre vivió alegre
como son todos de su misma especie
contento con todo lo que veía
pues aquel mundo
era una fantasía.

Más un día como otro cualquiera
en su poblado se escuchó un leyenda,
todo aquel que desee la completa felicidad
deberá ser capaz de atrapar a una Lleida.

Así el chico se disputo a buscarla
trazó mil y un camino para alcanzarla
y fue poco a poco consiguiéndolo
hasta que un día llegó a apresarla.

Era tan diminuta
que no le fue suficiente.
El quería más,
se puso en marcha a por el siguiente.

Pasaron los años
de objetivo en objetivo,
todo un plan trazado,
tenía que conseguirlo.

Pero se hizo mayor
y ya su cuerpo no le acompañaba,
demasiados riesgos
para un viejo
que ahora se marchitaba.

Entonces fue cuando se dio cuenta
pues todos sus amigos eran felices,
nunca fueron a buscar a la Lleida
estuvo siempre delante de sus narices.

La felicidad no se atrapa
se siente en cualquier parte,
se olvidó de vivir
y ahora ya era tarde.

No aprendió a disfrutar
de lo que tenía delante,
pues los pequeños momentos
las cosas de ensueño
esos, son lo que te hacen boyante.

Así con lágrimas en los ojos
se recostó en la almohada,
tanto tiempo perdido
pensando en alcanzarla.

Sus alas dejaron de lucir
y con un suspiro en la garganta
llegó el pobre anciano…a su fin.

 

Yadoma

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En la inmensidad del universo,
entre planetas inhabitados,
existe un micromundo
llamado Yadoma.
En él residen las desconocidas
fléchiras, hambrientas de sangre
se alimentan del dolor
y el amor lo asolan.

Más una se enamoró
de un joven humano.
Efímero y
rápido fue su amor
pues su madre, la reina
lo mató con sus propias manos.

Y hoy se encuentran cara a cara
pasado los años, madre e hija,
se enfrentan en combate
en las tierras de los humanos.

Paz, amor y libertad.

gran-caballero

En los reinos de castilla
un caballero es reclamado,
pues a desafiado a la corona
por un pobre desamparado.

Cuán grande es su coraje
que defiende a los desvalidos
pues no duda en quitar al rico
para dárselo a los niños.

Por cien caminos de tormentas
va cabalgando como si nada,
riéndose de aquellos insolentes
que lo quieren fuera del mapa.

Pues prefiere morir perseguido
que no contrariado a sus valores:
Siendo la Paz, el amor, la libertad
y la igualdad de condiciones.

Libertad

hoguera

Qué falta es el saber
lo que el hombre no entiende,
qué dañino puede ser
curar los males de la gente.

Cuatro mujeres en línea,
una avanza.
Cuatro mujeres pecaron,
condenadas en la plaza.

No soy bruja,
soy una mujer inteligente
¿Qué clase de personas sois
que me tratáis de hereje?

Me mandáis quemar
¿En qué posición os pone eso?
Insolentes subyugados
abrid los ojos, para ellos
no sois más que carne y huesos.

El coraje de un corazón valiente
no fue de aquellos que condenaron,
fue de las mujeres que quemaban
porque todas ellas lucharon.

Gritaron al viento
“Libertad”
Lágrimas de rabia y pena
por una ingrata humanidad.

Allá en las montañas

Allá en las montañas
hay una tropa de cien mil hombres
que esperan como fieras
que caigan nuestros nombres.

Nos doblan en armamento y caballos
pues es el ejército de la corona
esos, que nos esclavizan con cadenas
y que violan a nuestras mujeres
antes de que llegue la aurora.

Tienen sus oídos cerrados
por la avaricia del rico
pues el diálogo no escuchan,
prefieren castigar a nuestros hijos.

Ellos, que vinieron de las tierras fronterizas
Ellos, que asesinaron a sangre fría a nuestro rey
que beben nuestras aguas
y nos hacen vivir según su falsa ley.

¿Permitiremos semejante agravio?
¡¡¡No!!!!
Entonces, ¿Por qué lucharemos?
¡¡¡¡Por la libertad!!!!
¿Qué somos?
¡¡¡¡Supervivientes!!!!
¿Por qué viviremos?
¡¡¡¡Por la dignidad!!!!
¿A qué no le tenemos miedo?
¡¡¡¡A la autoridad!!!!

En tierras de Alidor. Parte 3

pirata

Bajo las aguas del estanque de los perdidos
se encuentra el tesoro que tanto ansiaban
más una leyenda escrita con rocas
decía que no lo sacaran.

Pues aquél que moviera el tesoro
una armada de guardias le esperaba,
señores de la noche
y demonios de aquellas aguas.

El más joven de los piratas,
la codicia del oro le cegaba
y como un loco sin cabeza
fue abriéndose paso
tirándose al agua.

Pero al mover el cofre
bramaron las entrañas de aquél lugar,
la tierra se abrió
y el agua desapareció sin más.

Fuertes tambores resonaban,
truenos, relámpagos y centellas
cubrían el cielo advirtiendo la llegada
de la muerte jamás contada
bajo las espadas de los “sin alma”.

Cien cadáveres se aproximaban,
iracundos y con sed de sangre
su capitán, el gran barbudo
poseía el zafiro dorado,
conocidos por muy pocos,
soñado por otros tantos
pero solo uno lo tuvo
hace ya unos tres mil años.

Los valientes batallaron
hierro con hierro
hueso contra piel
van cayendo los soldados
por la ira de los tres.

Exhaustos combatientes
miran de frente al capitán
tras haber derrotado
toda su tropa infernal.

Con una sonrisa maliciosa
y un chasquido de dedos,
el pirata calavera
hecha a arder
su cuerpo entero.

Con un grito de guerra
avanza hacia los aturdidos
con el sable en la mano
pone fin al más atrevido.

Más el segundo por la espalda llega
cogido fuertemente con la mano
ardiéndole hasta las cejas
ha dejado de ser humano.

“Por fin nos encontramos
viejo amigo de la infancia,
Capitán Furia es que te llaman
rey fuisteis, pirata eras
el más valiente de las aguas.

Pero a mi no me engañas
sólo eres un ignorante
débil que me robó lo que más amaba”

“Callad, estúpido
Yo no te robé nada
pues no era tu navío,
era el deseo de tu padre
que pasara más tarde a ser mío.
Devolverme, pues lo que me corresponde,
aquello que vuestro cuello lleva
ha llevado siempre mi nombre”

“Es cierto que dicen
que sin él, vida mortal tendrás.
Si esto es lo que más ansías
me lo tendréis de quitar”

Giros entre fuego,
luchas de poder,
hoja fina de metal
se hace con el zafiro aquel.

Ojos victoriosos,
rabia por perder,
el capitán calavera
por fin dejo de ser.

Así nuestro pirata
se hizo con el oro
viviendo otros tres mil años
alabado y temido por todos.

En tierras de Alidor. Parte 2

piratas

Tras varias horas de camino
han llegado al fin a la ciudad
de barrios sombríos,
y calles sin asfaltar.

En una gran avenida
de maleantes borrachos
y hombres casados
con mucho que callar,
caminan nuestros piratas
buscando a alguien a quién robar.

Diez jarras de licor
se han bebido
los valientes
de la mar.

Acompañados
todos ellos
de mujeres
de buen dar.

¡¡Arriba pon las copas
que tenemos que brindar
los piratas somos libres,
símbolos de libertad.

¡¡Alza el vino hermano
que debemos celebrar
las victorias conseguidas
y aquellas que vendrán!!

Mientras todos cantaban
el Capitán Furia logró robar
el mapa que tanto ansiaba
y que custodiaba un general.

Hombre lleno de pelo
grande como un gigante
de nombre se dice llamar,
Alcaráz, el guante.

Qué infortunio el suyo
que justo fue a vomitar
a las botas del superior
que pronto le hizo apresar.

Fuertes barrotes
no le dejan
al pirata
escapar.

A los demás,
un historia
los han contado
las mujeres
de aquel bar.

Hubo una conquista
en las tierras del Zarzal
un pirata valeroso,
apuesto y de armas tomar.
Consiguió la llave del tesoro.
Ese, que aquí enterrado está.

Dicen que es peor que la furia
de mil leones hambrientos.
más cuentan otros,
que es tranquilo
pero siniestro.

Gracias a aquellas palabras
sabían de quién se trataba
pues eran inconfundibles,
todo pirata lo envidiaba.

En las mazmorras del centro
entraron los cuatro.
Elixir de amor
para los carceleros,
sirvientes a merced
de los aventureros.

Abrieron las puertas
exigiendo lo suyo,
más salió corriendo
el capitán
rápido como el viento,
no se iba a quedar
ni un minuto allí dentro.

¡Sois estúpidos e incultos!
¿no sabéis leer pedazo ineptos?
Grandes son los carceleros
con muchas ansias de poseernos
no nos queda más que huir
o luchar contra ellos.

¡No quiero ser
carne de sus deseos,
una gota y no cientos.
Anda que distéis a uno,
a treinta fueron nada menos!

Mirar como miran
escalofríos me están dando
aquí os quedáis
que yo me voy marchando.

Algunos
por los pelos
no fueron
gozados.

Más las
espadas
todos ellos
con ahínco
levantaron.

Dos desafortunados
murieron en combate,
tres decidieron unirse
y emprender el nuevo viaje.